(...)Viernes a la noche. Ya sea ir al cine o a bailar, necesitamos olvidarnos
de ese maldito tema que nos molestó por cinco días seguidos.
Sábado a la mañana. Si salimos anoche, este momento no existe. Debemos saltear al medio día. Si tienen una materia que cursar... ¡pobres! Ya pasé por eso dos veces. ¡¿A que Hijo
de P... se le ocurre poner horarios a las 7
de la mañana
de un sábado?!
Si no cumpliste ninguna
de las dos, podes levantarte 9:30, y... ¡Tenemos aquí dos horas para estudiar! ¿Serás capaz
de hacerlo? (Yo no).
Sábado al Medio Día. Almorzamos tranquilos. Nos sentamos frente al televisor, para finalmente enganchar alguna película que hayamos visto cien veces para no tener que pensar. Navegamos un rato por Internet, y sin que nos demos cuenta... “¡Son las 19:30 y todavía no organicé nada! ¡Mi sábado está perdido!”. Cosa que no es cierta, pero buen susto nos llevamos.
Sábado a la noche. En toda mi vida, juro que no escuché a nadie decir que estudió en este momento sagrado. No creo que haya ninguna religión que prohíba cosas como estudiar un sábado a la noche, pero si conozco a una cultura que lo hace: la estudiantil. Y ahora lo decreto, es ley. Está prohibido estudiar un sábado a la noches, sin importar si hemos decidido quedarnos en casa haciendo nada.
Domingo a la mañana. Hace un tiempo que borré este momento
de mi vida. No logro levantarme antes
de las 12:30, con suerte.
Domingo al Medio DIA. Debe ser la comida más larga
de la semana. Empieza a la 13 con una entrada. 13:30 está lista la comida, que no termina hasta 14:30. Café, algún budín, torta y/o bombones acompañando la charla sobre todas las cosas que nos pasaron en la semana. Y... ¡Mmmmmmmmmm! ¡Qué sueño! (con todo lo que comimos, cómo no vamos a tenerlo). Una hora y media
de siesta, fútbol ó TV. Y ya son las 19:30. Hora
de comer algo y leer el diario del domingo.
Domingo a la noche: ¡Maaaaaaaaaa! ¿Qué comemos?
Parece una exageración, pero no lo es. Podemos cambiar alguna actividad. Por ejemplo, el domingo podemos ir a pasear con amigos. Pero el tiempo en el fin
de semana pasa como nunca.
Y así como me fui
de tema con el fin
de semana, se nos pasan volando las semanas
de clase. Y sin darnos cuenta... ¡EN DOS DIAS ES EL EXAMEN!
¡No todo está perdido! Aun tenemos algo
de tiempo. Organicémonos. Hoy a la noche, en tres horas, termino
de leer todo lo que no leí en un mes y medio: 90%
de 260 páginas, no es imposible, y mañana a la noche hago un repaso general. ¡Qué buen plan!
Llega la noche. Termino
de cenar, y las voces
de “Arma Mortal 3” (elijan una buena película en su caso) salen del televisor del living. ¡¿Qué maldita persona habrá inventado ese maravilloso aparato?! Y en 1 hora, “leo” 225 hojas. Los títulos, las cosas en negrita, los recuadros, y el resumen
de 3 hojas que conseguí
de un compañero. Termino exhausto.
Día anterior al examen: Tengo 18 horas para estudiar. Que con comida y otras tantas distracciones se hacen 6. Las aprovecho leyendo una y otra vez el resumen.
Ya son las 0:30. Mis ojos se caen. Algunos prefieren seguir despiertos, y dormir al final unas horas. Personalmente, las neuronas ya no me responden. Prefiero dormir 4 horas, y despertarme fresco como un tomate podrido al día siguiente. La cama me recibe tan acogedora como siempre.
Finalmente llega el gran día. Me despierto 4:30 ¡AM! Pego una leída al resumen. Trato
de leer los apuntes. Todo a los apurones. Y me pregunto cómo pueden dar tanto material
de estudio. Nadie tiene tiempo para leer tantas cosas. Empiezo a leer, salteando cada vez más. Leo los títulos, aun sabiendo que sólo me servirá para recordar en el examen que ese tema estaba ahí, y yo no lo leí
de puro vago. Ya no hay más tiempo. Agarro todas las cosas (como si todavía tuviera tiempo
de leerlo todo
de nuevo), y salgo
de mi casa con la esperanza
de encontrar un paro docente, una amenaza
de derrumbe, o cualquier catástrofe que me dé unos días más. Se que eso sólo me haría repetir mi rutina, pero la esperanza es lo último que se pierde. Nada pasa. Llego y busco un asiento por el medio...
Mis manos tiemblan como nunca. Mi cuello, totalmente contracturado. Mi espalda, sudorosa... Y ya todo cierra.