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Tema: Pseudoveltíosis natanatórica.

  1. #161
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    01-noviembre-2016
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    [Pseudoveltíosis natanatórica, comentario 156]
    Según la Wikipedia, A finales del 67 o principios del 68, Cayo Julio Vindex, gobernador de la Galia Lugdunensis, se rebeló contra la política fiscal de Nerón. El emperador envió a Lucio Verginio Rufo, gobernador de la Alta Germania, a sofocar la revuelta y Víndex, con el objetivo de recabar aliados, pidió apoyo a Galba, gobernador de la Hispania Tarraconense. Verginio Rufo, sin embargo, derrotó a Vindex y éste se suicidó, mientras que Galba, por su parte, acabó siendo declarado enemigo público. Nerón había recuperado así el control militar del Imperio, pero esto fue utilizado en su contra por sus enemigos en Roma. En junio del 68, el Senado romano votó que Galba fuera proclamado emperador y declaró enemigo público a Nerón, utilizando para ello a la Guardia Pretoriana, que había sido sobornada, y a su prefecto Ninfidio Sabino, que ambicionaba convertirse en emperador. Según Suetonio, Nerón huyó de Roma a través de la Vía Salaria. Sin embargo, a pesar de haber huido, Nerón se preparó para suicidarse con ayuda de su secretario Epafrodito, quien lo apuñaló cuando un soldado romano se aproximaba. Según Dion Casio, las últimas palabras de Nerón demostraron su egocéntrico amor por las artes; exclamó: “Qué gran artista muere conmigo”. Con la muerte de Nerón desapareció la Dinastía Julio-Claudia y el Imperio se sumió a continuación en una serie de cortas guerras civiles, conocidas como “el año de los cuatro emperadores”. Según Suetonio y Dion Casio, el pueblo de Roma celebró la muerte de Nerón. Tácito, sin embargo, habla en sus escritos de un panorama político mucho más complicado en donde la muerte de Nerón fue bien recibida entre los senadores, la nobleza y la clase alta, pero no por la clase baja, los esclavos y los asiduos del teatro, que habían sido los beneficiarios de los excesos del emperador, de modo que éstos recibieron la necrológica noticia con gran rechazo. El ejército, mientras tanto, se debatía en la encrucijada entre el deber de obediencia a Nerón como su emperador y el ceder a los suculentos sobornos ofrecidos para derrocarlo.

  2. #162
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    01-noviembre-2016
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    [Pseudoveltíosis natanatórica, comentario 157]
    Con la noticia de la muerte de Nerón, recibida por Vespasiano probablemente hacia mediados del verano del 68, éste detiene las operaciones contra Jerusalén y decide esperar para ver sobre quién recae el gobierno del Imperio, es decir, el sucesor de Nerón. No tarda en saber que el nuevo emperador es Galba, nombrado por el Senado, por lo que envía a Tito y Agripa hacia finales del otoño del 68 para que le transmitan sus saludos y para obtener instrucciones adicionales procedentes del emperador, si las hubiere, acerca de la guerra en Judea y con relación a la campaña contra los judíos rebeldes concentrados en Jerusalén. Sin embargo, cuando Tito se aproxima a Roma recibe noticias de la muerte de Galba (asesinado la mañana del 15 de enero del 69) y del nombramiento de Otón por el Senado como su sucesor, además de la marcha hacia Roma desde la Baja Germania de Vitelio con la pretensión de eliminar a Otón y arrebatarle el mando del Imperio. Entonces Tito, no queriendo arriesgarse a ser absorbido por ninguno de los dos bandos en contienda, cancela el viaje y vuelve a unirse con su padre en Cesarea; por su parte, parece que Agripa continuó hacia Roma. Según Suetonio, Tito pasó por Pafos a su regreso y allí consultó el oráculo de Venus, que pronosticó su futuro ascenso al poder, y esto debió incrementar positivamente su respeto hacia Josefo, pues éste ya le había augurado un buen futuro en Roma; de hecho, tanto Vespasiano como Tito parece que admiraban el ingenio que este judío había demostrado en la defensa de Jotapata y el talento que manifestó después para poder zafarse de la obstinación suicida del grupo de rebeldes supervivientes que se refugió con él en una cueva cercana tras la caída de dicha ciudad. En cuanto a la campaña de Jerusalén, ésta se detuvo hasta los comienzos del verano del 69, pues el caos en Roma (causando una corta guerra civil) mantuvo a los ejércitos de Judea (acaudillados por Vespasiano) en expectación respecto al futuro incierto del Imperio. Entretanto, en la ciudad de David se produjo una nueva lucha intestina ocasionada por un tal Simón de Gioras, edomita fanático que lideraba a una hueste de sicarios. En efecto, según la Wikipedia, en el 68, segundo año de la gran revuelta, aparecieron cuatro jefes de los rebeldes judíos: Juan de Giscala, Simón bar Giora, Eleazar ben Simón y Eleazar ben Yair; Simón bar Giora (epíteto que probablemente signifique “hijo del prosélito”) era un general muy experto que reunió 40.000 soldados prometiendo la libertad a los esclavos y recompensas a los que ya eran libres; su programa político era radical y se atrajo la aversión del conservador Flavio Josefo; pero por temor al aumento de poder de Juan, otro grande y peligroso fanático, el pueblo de Jerusalén invitó a los edomitas a entrar en la ciudad en la primavera del año 69, para así tratar de disolver el absolutismo de Juan, y con tal acción, Simón, adalid edomita, se apresuró a gobernar como un rey; de modo que ahora, en el interior de Jerusalén, lejos de alcanzarse un equilibrio de poderes, lo que sobrevino fue el estallido de una guerra civil entre los zelotes de Eleazar, los guerreros de Simón y los seguidores de Juan; al final Simón consiguió vencer a Juan después de asediarlo en el Templo; pero en la primavera del año 70 Tito atacó Jerusalén, la tomó y procedió al saqueo de la ciudad, y Simón tuvo que rendirse a los romanos, quienes lo llevaron a Roma, lo pasearon en la procesión triunfal de Tito y lo arrojaron al vacío desde la Roca Tarpeya (una abrupta pendiente de la antigua Roma, situada junto a la cima sur de la colina Capitolina, que se utilizaba como lugar de ejecución de asesinos y traidores, a los que, sin ninguna piedad, se les lanzaba desde ella: un lugar apenas reconocible actualmente, debido a la erosión y a la acción humana que se han acumulado allí por casi 2 milenios).
    Última edición por Etic; 14-sep.-2017 a las 16:18

  3. #163
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    [Pseudoveltíosis natanatórica, comentario 158]
    El 23 de junio del año 69 Vespasiano avanza desde Caesarea hacia áreas aún no conquistadas de Judea, tales como las colinas del país, Gophna (al norte de Judea) y Acrabetta (al nordeste), sometiéndolas; y también toma Betel (al sudeste de Gophna) y Efraín (al nordeste de Betel). Entonces se lanza a caballo, con sus escuadrones de caballería, hasta casi las mismas murallas de Jerusalén, matando a muchos de los que encontró a su paso y haciendo gran cantidad de prisioneros. Por su parte, Ceraelius, de la legión V, toma Idumea superior, Caphethra y Capharabis, que se rindieron con mucho gusto; luego pasa a Hebrón, matando a todos sus habitantes e incinerando la ciudad. Cada fortaleza queda ahora sometida a los romanos, excepto Herodión, Masada y Maqueronte, que fueron defendidas por los bandoleros y resultaron ser de poco interés para los romanos en esos momentos. Jerusalén era ya el objetivo prioritario y único a tomar en cuenta, pues toda Palestina había quedado prácticamente controlada por los romanos. Pero entonces llegan noticias a Vespasiano sobre la lamentable situación en Roma, esto es, la muerte del emperador Otón a consecuencia de su enfrentamiento contra el general Vitelius, cuyo ejército lo aclama como el nuevo emperador. Esto enfurece mucho a Vespasiano y a sus tropas, y éste decide detener la campaña contra Jerusalén y volver a Cesarea con las legiones. Son los comienzos del otoño del 69, y Vespasiano, antes de regresar a Cesarea, deja bien afianzado el territorio conquistado mediante guaniciones y destacamentos.

  4. #164
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    [Pseudoveltíosis natanatórica, comentario 159]
    En Cesarea marítima, en el otoño del 69, la indignación de Vespasiano y sus hombres ante la usurpación de Vitelio (o Vitelius) se va propagando y transformando rápidamente en deseos de rebelión contra el nuevo césar por parte de los oficiales militares de toda la Palestina. Esto se vio agravado por el hecho de que, de camino a la capital, Vitelio se ganó el odio del pueblo a consecuencia de los excesos a los que permitía entregarse a su corte, y cuando alcanzó el lugar donde se había producido la batalla en la que había fallecido su enemigo, el emperador Otón, exclamó ante los soldados que se apartaban del hedor de los cadáveres, según el historiador Suetonio: “El cadáver de un enemigo siempre huele bien, y mejor aún si es un conciudadano”; además, luego de pronunciar esta frase, se dirigió a la tumba de Otón y allí se burló de él en presencia de sus fuerzas; cuando llegó a Roma hizo gala de la opulencia que le había hecho ganarse los odios del pueblo, al entrar en la capital ataviado con lujosas vestimentas y a la cabeza de hombres vestidos con sus mejores ropajes, donde asumió el pontificado, estableció las nuevas magistraturas y se declaró cónsul vitalicio, y el 19 de abril del 69 se hizo proclamar emperador por el Senado. Las fuentes clásicas afirman que Vitelio se valió de su posición para entregarse a los más suntuosos placeres culinarios, y en la capital eran conocidos sus banquetes. Suetonio dice que este emperador era un ser cruel al que le gustaba ordenar asesinatos y contemplarlos, y asesinó a todos aquellos acreedores que le habían exigido el dinero de sus cuantiosas deudas y también a sus dos hijos por haberse expresado públicamente contra la facción de los azules del circo (nota: cuenta Grimal que en la antigua Roma la pasión por las carreras de carros tirados por caballos que se celebraban en el Circo era indescriptible y la disputaban 4 facciones de oponentes competitivos: la blanca, la roja, la verde y la azul; los aurigas vestían una túnica y un gorro de cuero del color correspondiente y el emperador Vitelio castigó con pena de muerte a los partidarios de los verdes por haber hablado mal de los azules); se llegó a afirmar, incluso, que había dejado morir a su propia madre.

  5. #165
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    [Pseudoveltíosis natanatórica, comentario 160]
    Durante ese mismo otoño (del 69), el ejército romano en Cesarea declara emperador a Vespasiano y le presiona para que acepte el cargo de primer mandatario del Imperio. Sin embargo, Vespasiano se inclina por la prudencia y la seguridad personal antes que exponerse a los peligros que supondría competir por el puesto de emperador. No obstante, sus tropas son vehementes y desean que alguien salve al Imperio de las manos de Vitelio y de otros incompetentes; de modo que sus oficiales le presionan enormemente y los soldados marchan en tropel por las calles blandiendo las espadas y amanazándole de muerte si no es capaz de tomar la iniciativa para salvar a Roma con la dignidad que siempre le ha caracterizado; ante esto, él cede y sus soldados se tranquilizan. Ahora tiene que actuar rápidamente, pues la guerra por el mando del Imperio lo ha engullido inexorablemente. Su primer movimiento consiste en adquirir el control de Egipto, donde se encuentra el principal suministro de grano del Imperio, por lo que escribe a Tiberius Alexander, gobernador de Egipto y Alejandría (y antiguo procurador Judea), para que le dé su apoyo. Tiberius lee la carta en público e insta a sus legiones y al pueblo a prestar juramento de lealtad a Vespasiano, y todos ellos lo hacen de buena gana. Las noticias acerca del alzamiento de Vespasiano se extienden rápidamente hacia el este y son acogidas con regocijo, y muchas legiones en Europa se suman a la causa. También, el general Mucianus, gobernador de Siria, le da su apoyo. Entonces, después que Vespasiano es objeto de muchos augurios favorables emitidos por diferentes visionarios, recuerda la predicción que le hizo Josefo y decide liberarlo, para lo cual pide a Tito que mande cortar las cadenas que atenazan al judío con un hacha, ya que esta acción significa que su encadenamiento ha sido injusto. Además, después Vespasiano convoca a Mucianus y a varios oficiales y amigos para referirles la anécdota de que él, en principio, no creyó a Josefo, pues pensaba que era un rebelde charlatán que pretendía eludir la pena de muerte, pero el tiempo y el desarrollo de los acontecimientos estaban dando la razón al judío, como si éste fuera portador de un mensaje divino, y entonces añadió: “Es vergonzoso que alguien que ha pronosticado mi subida al poder, y que era un portavoz de Dios, se encuentre todavía en cautiverio y tenga que soportar el destino de un preso”. Así fue como Flavio Josefo obtuvo su liberación y más que eso, es decir, adquirió gran prestigio y un puesto oficial como colaborador de Tito en la campaña de Jerusalén.
    Última edición por Etic; 16-sep.-2017 a las 15:00

  6. #166
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    [Pseudoveltíosis natanatórica, comentario 161]
    Hacia diciembre del año 69 Vespasiano envía una gran fuerza militar a Italia bajo el mando de Mucianus, quien, como las temperaturas eran bajas y desfavorables, marcha por la ruta de la Capadocia y Frigia. Vitelio, en prevención del levantamiento de Vespasiano, había puesto en marcha una serie de medidas defensivas desesperadas, que supusieron una considerable carga para el tesoro del Imperio; y cuando se enteró de que las huestes de Dalmacia e Iliria se habían unido a su adversario trató de dimitir de su cargo y muchos de sus allegados desertaron de su lado. Al parecer, Vitelio esperó a Vespasiano al mando de sus tropas en Mevania y cuando las fuerzas de su rival alcanzaron el lugar convino su dimisión con Marco Antonio Primo, comandante de la legión VI y uno de los principales partidarios de Vespasiano. Pero los soldados de la guardia pretoriana (cuerpo militar que servía de escolta y protección a los emperadores romanos) obligaron a Vitelio a violar el acuerdo y le hicieron volver a palacio. Suetonio y Tácito afirman que cuando las tropas de Vespasiano entraron en la capital, Vitelio se escondió en el hogar de un portero; finalmente, sus enemigos lo encontraron y, a pesar de sus súplicas, lo trasladaron al Foro, donde el pueblo en pleno y muchos soldados apoyadores de Vespasiano lo acribillaron con muchas vejaciones y lo mataron, y después arrojaron su cuerpo al río Tíber y su cabeza la pasearon por las calles de la capital; también mataron a su hijo y a su hermano. La gente de Roma aclama unánimemente a Vespasiano como nuevo emperador, y acto seguido es declarado oficialmente emperador por el Senado a finales de diciembre del 69, mientras él estaba todavía en la provincia de Egipto (según Tácito, el viaje de Vespasiano a Roma se retrasó a causa del mal tiempo, y algunos historiadores modernos sostienen además que éste permaneció allí a fin de consolidar su poder en la provincia y para sofocar una serie de protestas que estallaron en Alejandría motivadas por la nueva política fiscal, y que causaron que los envíos de grano de Egipto a Roma se detuvieran; no obstante, Vespasiano logró que se restaurara el suministro cuando la población de la capital imperial estaba al borde de desfallecer a causa de inanición). Al día siguiente de la muerte de Vitelio, Mucianus llega con sus fuerzas a Roma y se nombra herederos del César a Domiciano y a Tito, los hijos de Vespasiano. Entretanto, Mucianus, auxiliado por Domiciano (pues Tito estaba con su padre), administra el Imperio hasta la llegada a Roma de Vespasiano, hacia mediados del año 70. Y, a principios del año 70, Vespasiano envía a Tito desde Alejandría hacia Judea, con tropas romanas adicionales, para aplastar a Jerusalén. Tito llega a Caesarea, quizás a mediados del invierno del 70, y Josefo le acompaña.

  7. #167
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    [Pseudoveltíosis natanatórica, comentario 162]
    A pesar de la obligada tregua que Vespasiano tuvo que acometer con motivo de la guerra civil que estalló en Roma y en la que él mismo acabó siendo el vencedor y vistiendo el manto purpúreo del emperador, los rebeldes de Jerusalén desaprovecharon la ocasión de unir sus fuerzas contra los romanos. En efecto, la situación en la capital de Judea, durante esos meses otoñales e invernales de tregua, distaba mucho de ser la más conveniente para la defensa de la ciudad; y para colmo se habían producido diversos enfrentamientos, con abundante derramamiento de sangre, provocando una especie de guerra civil entre las distintas facciones y una total desatención a las medidas estratégicas más básicas para poder aguantar el inminente asedio. Por un lado estaba Eleazar ben Simeón, el principal jefe de los zelotes en Jerusalén hasta la llegada de Juan de Giscala; y este Eleazar no estaba dispuesto a servir bajo las órdenes de Juan por considerarlo un líder novato en la ciudad y por ser más joven (y supuestamente más inexperto) que él. Eleazar dominaba a los hombres de Juan, ya que se encontraba en el Templo en una posición ventajosa pese a su inferioridad numérica, y los matenía a raya. A su vez, Juan de Giscala tenía que hacer frente a Simón bar Giora, que tras realizar algunas correrías por Galilea e Idumea, había llegado a la capital con los brazos abiertos y gracias a la colaboración del pueblo, con la esperanza de amortiguar la actitud extremista de Juan de Giscala; pero este Simón bar Giora pronto mostró ser igual o peor, con lo que el pueblo, esperando deshacerse de un tirano, se encontró con dos, luchando entre sí, a pesar de que ambos consideraban a los ricos y aristócratas como enemigos comunes. Por otro lado, en el frenesí por debilitarse mutuamente, Juan y Eleazar no encontraron nada mejor que prender fuego a los enormes almacenes de grano de la ciudad, en donde estaban las reservas de víveres acumulados con vistas al asedio; así, ambos, con el miope objetivo de evitar que el bando rival se adueñara de ellos, habían decantado la situación bélica muy a favor de los romanos. Según Flavio Josefo: “Todos los alrededores del Templo fueron presa del fuego, la ciudad quedó convertida en campo yermo librado (se sobreentiende: Abandonado) a las peleas intestinas y ardió todo el trigo, que pudiera haber bastado para muchos años a los asediados”.

  8. #168
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    [Pseudoveltíosis natanatórica, comentario 163]
    Tito disponía de 4 legiones para el asedio, a saber, la legión V (Macedonica), cuyo legado era Sexto Vetuleno Cerealis, la legión X (Fretensis), dirigida por Aulo Lancio Lépido Sulpiciano, la legión XV (Apollinaris), cuyo mando estaba bajo Marco Tittio Frugi, y la legión XII (Fulminata) cuyo legado, aunque no lo sabemos con certeza, quizás fuera Cesenio Galo, el mismo que estaba al frente de la misma cuando le ocurrió el desastre de Bethorón. Esta última, a pesar de sufrir aquel famoso revés, había sido recompuesta y restituida y acerca de ella Flavio Josefo afirma que sus integrantes estaban sedientos de venganza. Aparte de estas 4 legiones, que se encontraban incompletas en número debido a las bajas en las campañas anteriores, Tito contaba, para compensar, con vexillationes (nota: Una “vexillatio” era un destacamento de nueva creación formado para cubrir las necesidades militares en una determinada campaña bélica, y habitualmente constaba de varias centurias de soldados procedentes de diversas unidades o legiones) extraídas de la legión III (Cyrenaica) y de la legión XXII (Deiotariana), con un total aproximado de 2.000 hombres, las cuales estaban estacionadas en Egipto al mando del prefecto Tiberio Julio Alejandro (quien fue, al igual que Flavio Josefo, un antiguo judío que ahora servía a los romanos); también contaba con unos 3.000 mil hombres procedentes de Siria, quizás de las legiones III (Gallica) y VI (Ferrata); además, tenía el apoyo de los príncipes clientes Agripa II, Soemo de Emesa y Antíoco de Comagene, y 8 alaes de caballería auxiliar (nota: La alae, o ala, según Polibio, era un término que designaba a la caballería que se alineaba tanto a la derecha como a la izquierda de una legión, generalmente constituida por unos 500 hombres bajo el mando de un prefecto de la orden ecuestre) y 20 cohortes de infantería (nota: Una cohorte era una unidad táctica uniforme que constaba de 500 a 700 soldados). El número total de efectivos humanos al mando de Tito podría establecerse aproximadamente en unos 40.000 a 60.000, entre combatientes y auxiliares.

  9. #169
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    [Pseudoveltíosis natanatórica, comentario 164]
    Si nos atenemos a los relatos de Flavio Josefo, la ciudad de Jerusalén se encontraba asentada entre dos colinas, la del este bastante menos elevada que la del oeste, además de estar rodeada la ciudad por barrancos infranqueables y grandes hondonadas. En la época del asedio, la mayoría de la población estaba situada en la colina más baja, conocida como Ciudad Baja, en un proceso de ocupación que había comenzado ya en la época de los últimos reyes de Judá. Pero lo más imponente de la ciudad eran sus murallas, formidables y muy difíciles de penetrar. De afuera hacia adentro, es decir, comenzando desde la parte exterior, tenemos la llamada tercera muralla, que era la más reciente y que comenzó a erigirse en época de Agripa I, hacia el año 41 o 42 de nuestra era, destinada a proteger el barrio nuevo de Betzatá (o Bezeta), situado en la Ciudad Nueva, cuya construcción quedó interrumpida para no levantar sospechas de cara a las autoridades romanas, y que en estos momentos aún no había sido terminada y además era de menor calidad que las dos restantes murallas, más antiguas. Parece ser que justo antes del asedio del año 70 se reanudaron los trabajos con el fin de acabarla pero no dio tiempo, y, según Flavio Josefo, de haberse terminado dicha muralla la ciudad habría sido totalmente inexpugnable puesto que ningún artefacto bélico habría podido rebasar los bloques de piedra de 10 por 5 metros que cuarteaban su superficie exterior. Mención especial merece la llamada Torre Psefino, situada en el ángulo noroeste, entremetida en la tercera muralla, en cuya proximidad establecería Tito su campamento. La segunda muralla, situada detrás de la tercera y menos extensa, fue levantada en la época asmonea debido al ensanchamiento de la ciudad hacia la colina oeste, mucho más extensa. A su nordeste se encontraba la Fortaleza Antonia, rodeada de 4 torres en sus ángulos, construida por Herodes bajo patrocinio de Marco Antonio, cuyo nombre se debe a este último, justo al lado de la parte noroeste del Templo. La primera muralla, de la que aún no se ha descubierto su totalidad, tenía al menos 7 metros de espesor y englobaba al resto de la ciudad, o sea, la Ciudad Alta y la Ciudad Baja y también la mitad del Templo, ya que la parte norte de la muralla, en un terreno nivelado, nacía cerca del acceso al mismo. En la parte noroeste de la muralla, y extendiéndose hacia el sur, se encontraba el espléndido Palacio de Herodes rodeado en su parte norte por 3 torres que recibieron el nombre de Hípico, en honor a un amigo, Fasael, el nombre de su hermano, y Mariamme, el de su esposa. El resto de la primera muralla se alzaba sobre grandes precipicios, lindando al este con el valle del Cedrión (o Cedrón) y al oeste y sur con el valle del Gehena. Además, la Ciudad Alta y la Ciudad Baja debieron de estar separadas por un muro interior que nacería en la parte norte de la primera muralla y finalizaría en el ángulo suroeste de la misma. Por último, estaba el Templo, que en sí constituía una magnífica fortaleza, remodelado por Herodes, que supuso uno de los bastiones de resistencia más enconada frente al empuje de Tito, pero que finalmente acabaría completamente destruido.

  10. #170
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    [Pseudoveltíosis natanatórica, comentario 165]
    La aproximación a Jerusalén se hizo desde varios frentes. Concretamente desde el oeste, llegaron las legiones XII (Fulminata) y XV (Apollinaris) al mando de Tito, y la V (Macedonica) desde Emaús. La excepción fue la legión X (Fretensis), que venía desde Jericó con el propósito de encontrarse a las puertas de Jerusalén con las otras tres legiones. Ahora bien, las legiones no avanzaban en orden de batalla, ya que la posibilidad de encontrar al enemigo en campo abierto era muy baja. No obstante, se movían con cautela bajo las estrictas órdenes de Tito y sus oficiales. El orden de marcha era bastante parecido al que Vespasiano realizó en el asedio de Jotapata; a la vanguardia iban los auxiliares y tropas aliadas en formación cerrada, pero muy probablemente llevando como pantalla piquetes de caballería y grupos de arqueros, así como infantería ligera, encargados de explorar el terreno por si hubiera algún tipo de emboscada; inmediatamente detrás se encontraban los oficiales y soldados responsables de planificar e iniciar la construcción del campamento de marcha para pasar la noche; y a continuación iba el convoy de provisiones de los oficiales, seguido por Tito y su estado mayor, al que pertenecía Tiberio Julio Alejandro, antiguo prefecto de Egipto, custodiados por sus singulares (estos “singulares” eran cuerpos de caballería e infantería reclutados entre las tropas auxiliares de cada provincia, que en un principio se encargaban de proteger a los diferentes cargos provinciales, ya fueran gobernadores de rango consular o pretoriano, prefectos, legados o procuradores, pero que en el siglo I de nuestra era se constituyeron en cuerpos militares de élite cuyas funciones básicas eran las de proteger a la figura del emperador o de alguno de sus hijos o posibles sucesores; el número de soldados de cada “singular” era variable y estaba comandado por un centurión de legión que recibía el nombre de “praepositus” o “curam agens”) y de 120 jinetes que tenía cada legión. Después, avanzaba otro convoy con las piezas de artillería para el asedio, y, a continuación, muy posiblemente, iban los jefes de las unidades auxiliares y de las tropas aliadas juntos, con el propósito de que a Tito le fuera más fácil dictarles órdenes; y detrás iban las legiones, cada una con su emblema del águila, seguidas por su séquito de esclavos y las provisiones; finalmente, en la retaguardia, marchaba el resto de auxiliares y tropas aliadas.

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